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El Conocimiento de las Emociones

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El conocimiento de las emociones

Muchos dias creemos que nos sentimos desbordados por las emociones y a menudo preferimos ignorarlas. Nos amenazan en nuestro lugar de trabajo, en las relaciones, en la pareja, etc.

El enfado, el miedo, la culpa, los celos, la vergüenza, son emociones que todos conocemos y que muchas veces hemos sentido. Cuando no sabemos que hacer con ellas, cuando no hemos aprendido a ver qué nos están indicando, se convierten entonces en padecimiento. Pero éste no es su único destino. Así como en nuestro cuerpo, cada órgano cumple una función específica y necesaria, en el universo emocional cada emocion cumple también una importante función.

Una  emoción es un estado de animo. Algunas, nos indican de lo que “tenemos”, como la alegría, la gratitud y la confianza, naturalmente son emociones agradables. Otras nos informan de que algo “falla”, como la tristeza, el miedo o la culpa. Estas son, sin duda, dolorosas y por una confusión respecto a ellas las denominamos negativas, cuando en realidad no los son. Por el contrario, todas las emociones dolorosas son valiosas señales que nos remiten a “asuntos” que estamos experimentando en ese momento o nos “conectan” inconscientemente con alguna s “experiencias” del pasado que no quedaron conclusas.

Los diálogos internos nos han hecho creer de forma errónea que entre mente y emociones existe una rivalidad natural. Y esta conclusión aún complica más las cosas.  Sin embargo, la relación principal entre la mente y las emociones es de complementariedad. La función de la mente es coordinar las emociones y éste es, precisamente, un trabajo de consciencia. Es primordial comenzar a conocer e identificar los pensamientos que estamos utilizando. La primera tarea es la auto observación: detectar qué pensamos ante un hecho. De esta forma observar que tipo de ideas irracionales o pesimistas nos están acechando y de que manera están en continua interacción con las emociones o de que modo cuando se nos presentan intentamos dominarlas o reprimirlas y con que frecuencia quieren cosas diferentes: por ejemplo: “Quiero acercarme a tal persona y no soy capaz”… “Quiero cambiar de trabajo y no se por donde empezar”...

Otro ejemplo sería que estoy en una reunión de trabajo, me siento triste y tengo ganas de llorar. La mente dice: “¡cómo vas a llorar aquí… estás loco… Cuando la mente ha alcanzado esa madurez, ante la situación del ejemplo anterior responde: “Llorar aquí es difícil. Te propongo que cuando lleguemos a casa llores todo cuanto necesites”. La mente consciente reconoce la realidad del impulso emocional y lo respeta, evalúa las condiciones externas y sobre esa base propone algo en lugar de ordenarlo o reprimirlo.

Cuando padecemos una emoción dolorosa crónica eso nos indica una actitud inadecuada de la mente que evalúa la realidad de forma errónea. Es entonces cuando observar y transformar ese juicio se convierte en algo muy necesario.

Nosotros somos tanto nuestra mente como nuestras emociones. Nuestro destino “psicológico” dependerá de la relación que establezcamos entre ellas: podrá ser un camino en el que predomine la insatisfacción y el sufrimiento o, por el contrario, un camino que recorramos tranquilos, y con mayor comprensión de quienes somos.

Lola Sanmartín - Artículo Revista Guía VidaSana nº 5 - Marzo 2009